Se suele decir popularmente que “la ficción supera la realidad”, pero por lo general, la agridulce sorpresa más allá del talento de los artistas, evidencia justo lo contrario: realidades complejas de situaciones dramáticas, como: delincuencia, crímenes, corrupción y demás, las cuales son el caldo de cultivo de distintos escenarios alrededor del mundo, donde sus actores pueden ser de cualquier edad, estrato social, sexo, etc.
Uno de esos escenarios de gran complejidad, especialmente por lo que ha implicado la variable (o más bien constante) que más ha afectado a Colombia, es la violencia, a causa de la corrupción, la cual, a lo largo de su historia, ha sido la fuente obsesiva de trabajo para producciones de arte, que, en el caso específico del cine, se han intentado representar no sin recibir antes controversia a cambio, ya que muchas personas consideran que el país no es solo violencia, narcotráfico y corrupción.
Pero también se podría decir que es un imaginario colectivo el creer que juzgamos lo que experimentamos a raíz de nuestro bagaje subjetivo: ¿nos gusta ocultar entonces lo que somos y vemos proyectado a través de los otros en relatos? Quizá para muchos. Para otros no.

Al respecto, Jorge Navas, egresado de la Universidad del Valle y director del filme, expresa que “el retrato de estas realidades colombianas a través del cine se hace desde la caricatura y no se han hecho películas serias respecto al tema; no se han explorado a profundidad las contradicciones del conflicto y entonces queda como en caricatura la situación”.
¿Pero qué dicen las voces de quienes viven estas realidades y se observan reflejados en actores que representan situaciones similares? Un par de jóvenes espectadores de los cerca de 50 asistentes a la premier de la película en la comuna 1 de Cali, manifiestan que la cinta les permite identificarse porque muestra la vida de algunos pobladores de Buenaventura, quienes entre toda la complejidad de su distrito, intentan salir adelante gracias al baile.
“Me pareció muy chévere, y muy bacana, y me sentí identificada con la película y las reflexiones”, señala Didiesni, una de las espectadoras de Patio Bonito en la Comuna 1.
Al igual que Didiesni, para Lizeth Gómez, de la misma zona, la moraleja fue similar: “me siento identificada como cuando éramos artistas y las cosas no se dieron porque no seguimos luchando por nuestros sueños. Hay que luchar por ellos y no irnos a la venganza, sino dejar todo atrás y seguir adelante”.
Navas destaca que iniciativas como el llevar el cine nacional que aborda temas tan profundos, a las zonas más deprimidas de Colombia, es una iniciativa importante, ya que considera que, por lo general, "hay una sensación de que la gente no se conecta con el cine colombiano, y prefiere invertir en una película espectacular de Hollywood, entonces acercar este cine a los barrios de la periferia me parece valioso. Además, me parece fundamental que las personas se reconozcan a sí mismas, con entornos similares a los suyos”. Y agrega que representar a este tipo de comunidades, “sobre todo a los afrodescendientes”, permite reivindicar su rol “en la aparición del cine colombiano que está tan limitada”.
Inicialmente, FICCALI tenía pensado hacer cuatro proyecciones de la película en Siloé, Charco Azul y el Distrito, y quien se encargó de abogar para que se vieran favorecidos también los jóvenes de la comuna 1, fue Edwin Aguilar, coordinador cultural desde el Instituto Cisalva para el proyecto TIP-Jóvenes Sin Fronteras, intervención estratégica que junto a la Alcaldía de Cali y la Policía, han consolidado cuatro años de trabajo integral con jóvenes de comunas vulnerables para fortalecer sus proyectos de vida y disminuir cifras de violencia en la capital vallecaucana.

“Fui a tocar las puertas a la Secretaría de Cultura y solicité que nos permitieran estar con la apertura del festival para los chicos. También fue posible gracias a que sé que a Jorge Navas le gustan los actores naturales y los chicos que tienen necesidades, pero también talentos, así como lo son aquellos con los que trabajamos en el Instituto Cisalva, entonces logramos que la comuna 1, un lugar retirado y con vulnerabilidad, pudiera vivir la inauguración del festival. Fue muy grato para nosotros”, comenta Aguilar.
El trabajo de Cisalva “me parece favorable, y cualquier persona e institución que haga un poco por ayudar, me parece pertinente y bienvenido en un país tan apático como este por las clases marginales y afros”, concluyó el cineasta.